Editorial

El relato del aquelarre del peronismo republicano

Por Lionel Benitez

El 17 de noviembre creó mucha literatura alrededor del peronismo y el estado de pertenencia de quienes, en cada fecha importante para el espacio, desenvainan el peronómetro y le agregan fantasías propias  del universo borgeano.

Según “expertos en conurbano”, como se autoperciben, el kirchnerismo quiere eliminar todo vestigio del peronismo  para crear su propia épica, su propio movimiento sin advertir que hay un peronismo republicano que comienza a germinar desde las profundidades de la derrota para defender del cristinismo a la creación de Juan Domingo Perón. La idea se basa en que si no hay PASO -como piden muchos-, sumado al guiño presidencial de buscarle la vuelta de turca a la Ley que se votó en 2016 para prohibir las reelecciones indefinidas y voltearla -o al menos saltarla-, la vicepresidenta podría optar por ir por fuera del sello justicialista.

Lo cierto es que en Argentina estamos acostumbrados al periodismo de anticipación y encuestas que van a una cortada, que no tiene salida pero quedan olvidadas. Cualquiera puede decir cualquier cosa. No pasa nada.

Ahora bien, todo el rodeo es para presentar una imagen de una especie de aquelarre republicano en el  San Miguel de Joaquín de la Torre donde se reunieron Emilio Monzó, Miguel Ángel Pichetto, el ex ministro Triaca, Luis Acuña, Jesús Cariglino, entre otros actores de las derrotas más frescas del espacio que encabezaba Mauricio Macri y que hoy se debate con Horacio Rodríguez Larreta. Todos arman grupos, se exponen en las vidrieras, tironean, prueban en cónclaves, pasan a otro y así están hasta que logran empollar o asegurarse un puesto en medio del desempleo. La mala noticias es que, la tropa que renunció a las apariciones legislativas provinciales o nacionales, los que ayer esperaban el 2021, hoy saben que el turno de abrochar es para la conducción (otra vez). Ellos van a tener que seguir esperando. No hay nada nuevo bajo el sol, ni enfrentamiento por el peronismo contra el kirchnerismo ni ninguna fantasiosa maniobra elaborada por quienes deben justificar su trabajo en la ficción. No están en condiciones de hacerle fuerza  nadie fuera de sus municipios. No lo hicieron dentro del poder menos van a poder desde afuera.

Más claro: Joaquín de la Torre ganó en las elecciones del 2015 con el último suspiro, allí humo elementos que le sellaron acuerdos para ganarle a Franco La Porta en el sprint final. Hay que ser claros, ganó por que se movió la maquinaria conciliadora en manos de dos o tres altos dirigentes locales.

Después de eso De la Torre desembarcó el gabinete de María Eugenia Vidal hasta llegar a ser ministro de Gobierno provincial. Perdieron en el primer mandato, el peronismo se unió y aplastó a Cambiemos por más de 16 puntos en la provincia de Buenos Aires en una gestión que -al menos en las publicidades-  era la mejor de la historia y además era invencible. Se derrumbó el relato.

Es cierto que la mayoría que visitó San Miguel fueron los “inventores” del  Frente Renovador, eso no es seguridad de nada. Todos ellos dejaron a Sergio Massa y cayeron municipio por municipio. La segunda ola se dio al fin de la era Macri con la derrota de “la pata peronista” de Cambiemos. La empresa que encaran no es modesta y no busca construir nada, simplemente trata de negociar la propia, siempre dentro del espacio de centro derecha o derecha a secas. Nada nuevo bajo el sol.

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