Editorial

La “cuarentena comunitaria” en los barrios es el mal menor

Cuando pase la cuarentena inflexible, cuando esto quede en el recuerdo el Estado saldrá fortalecido. Entre la urgencia de la realidad y las presiones del empresariado el gobierno sigue aguantando y poniendo en la mesa “economía o salud”.

Por Lionel Benitez

El presidente volvió a remarcarlo, a recordarlo para que quede en claro: “prefiere 10% más de pobres que 100 mil muertos” en el país que ya alcanzó la cifra de 2000 infectados.

Ya es un hecho, y así lo confirmó Alberto Fernández, que la cuarentena se extenderá hasta el 26 de abril, como mínimo, para ir trazando la hoja de ruta del futuro que es incierto a estas alturas. Los países vecinos, complicados por la cantidad de muertos y contagios, siguen enterrando personas mientras la Argentina tiene varios frentes de batalla con la economía diezmada, la presión de los sectores de poder y la urgencia alimentaria que agravan los aumentos del sector alimenticio, hoy en medio de la polémica por su desmedida ambición en tiempos de emergencia.

Una vez más el rol de los alcaldes del conurbano profundo será fundamental. La semana pasada el gobierno le transfirió el poder de policía para poder multar al comercio de cercanía y distribuidoras que abusen de su posición y remarquen precios perjudicando a sus propios vecinos. En este sentido no solo cambiará la importancia del Estado Nacional luego del paso de la pandemia, sino que, los municipios y la importancia de los intendentes será un tema para debatir, sin ellos no se podría cubrir todas las bases, hoy muchos de esos alcaldes están defendiendo su territorio contra el avance del Covid-19 con recursos famélicos.

Si bien el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, aseguró que no se levantará el pie del acelerador respecto a la cuarentena, también es cierto que en los barrios el aislamiento pasó a ser un tema de debate estricto. El conurbano tiene otras necesidades y la estrategia es otra, el régimen de “cuarentena comunitaria” existe desde antes que el gobierno lo pusiera en el menú de posibilidades. Claramente no hay lugar para la vigilancia extrema, para evitar que las veredas y la cuadra de los barrios humildes se mantengan despejadas. Allí la denuncia entre vecinos funciona como reloj Suizo pero sería imposible mantener a todos al filo de la reclusión en sus hogares, los hogares son también el barrio.

Los intendentes saben que es una batalla desigual recorrer cuadra por cuadra en municipios que llegan al millón de habitantes, para mantenerlos a raya con la dieta de vía pública, no hay posibilidad de ganar esa partida y se concentran en descomprimir las troncales, centros comunitarios y comercios, logran que la gente se quede en sus cuadras, que limiten sus movimientos a un radio aceptable, aunque eso cueste un extenuante esfuerzo.

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